Hiperplasia prostática benigna: entender y cuidar tu salud prostática

La hiperplasia prostática benigna (HPB) es una de las afecciones urológicas más frecuentes en  los hombres a partir de los 50 años. Aunque no se trata de un cáncer, puede afectar de forma  significativa la calidad de vida si no se diagnostica y trata adecuadamente. Conocer sus causas,  síntomas y opciones de diagnóstico es fundamental para abordarla a tiempo. 

¿Qué es la hiperplasia prostática benigna?

La HPB consiste en el aumento del tamaño de la próstata, una glándula que rodea la uretra (el  conducto que lleva la orina desde la vejiga hacia el exterior). 

Con el envejecimiento, las células prostáticas tienden a multiplicarse, provocando que la glándula  crezca y comprima la uretra, lo que puede dificultar el paso de la orina. 

No es un tumor maligno ni se convierte en cáncer, pero puede coexistir con él, por lo que las  revisiones urológicas son esenciales para diferenciar ambos procesos. 

 Factores de riesgo 

Los principales factores asociados al desarrollo de HPB son: 

  • Edad: el riesgo aumenta especialmente a partir de los 50 años. 
  • Antecedentes familiares: tener familiares con HPB o cáncer de próstata eleva la  probabilidad. 
  • Factores hormonales: los cambios en los niveles de testosterona y dihidrotestosterona  influyen en el crecimiento prostático. 
  • Estilo de vida: el sedentarismo, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol o una dieta  rica en grasas saturadas pueden favorecer su aparición. 
  • Enfermedades metabólicas: la hipertensión arterial y la diabetes tipo 2 también se asocian  a un mayor riesgo. 

 Síntomas más comunes 

Los síntomas de la HPB se deben principalmente a la obstrucción del flujo urinario y al aumento  de la sensibilidad vesical. Los más frecuentes son:

  • Dificultad para iniciar la micción. 
  • Flujo urinario débil o entrecortado. 
  • Sensación de vaciado incompleto de la vejiga. 
  • Necesidad de orinar con frecuencia, especialmente por la noche (nicturia). • Urgencia urinaria o escapes leves. 
  • Goteo al terminar de orinar. 

Estos signos pueden aparecer de forma progresiva y afectar tanto al descanso como a las actividades  diarias. 

 Diagnóstico 

El diagnóstico de la hiperplasia prostática benigna es sencillo y no invasivo, e incluye: 

  • Historia clínica y entrevista personal: para valorar los síntomas y su impacto en la calidad  de vida. 
  • Exploración física: incluyendo el tacto rectal, que permite evaluar el tamaño y la  consistencia de la próstata. 
  • Analítica de sangre y orina: para descartar infecciones y valorar el nivel de PSA (antígeno  prostático específico). 
  • Ecografía urológica: visualiza la próstata, la vejiga y los riñones, ayudando a determinar el  volumen prostático. 
  • Flujometría: mide la fuerza y velocidad del flujo urinario. 
  • En algunos casos, se realizan estudios complementarios como la resonancia prostática  multiparamétrica o la urodinamia para valorar con más detalle la función del tracto  urinario.

La hiperplasia prostática benigna es una condición muy común y, afortunadamente, tratable. Con una detección precoz y un seguimiento adecuado, es posible controlar los síntomas y prevenir  complicaciones como infecciones urinarias o retención de orina. 

Adoptar hábitos saludables, mantener un peso adecuado y realizar revisiones urológicas periódicas  son las mejores estrategias para cuidar la salud prostática.