El estrés es una respuesta normal del organismo ante demandas físicas o emocionales, pero cuando se mantiene en el tiempo, el estrés y el rendimiento sexual en el hombre pueden verse claramente afectados. Además de alterar el sueño y el estado de ánimo, en consulta es frecuente que hombres con mucha carga de estrés describan menos deseo, más dificultad para la erección o ansiedad en las relaciones.
¿Cómo puede influir el estrés en la respuesta sexual?
Durante periodos de estrés, el cuerpo activa sistemas neurohormonales (incluida la respuesta “lucha/huida”). Esta activación sostenida puede dificultar los procesos que favorecen la excitación sexual, que requieren un estado de mayor calma y concentración.
En la práctica, esto puede traducirse en:
- Disminución del deseo sexual
- Dificultad para conseguir o mantener la erección
- Menor satisfacción sexual
- Más preocupación anticipatoria (“me volverá a pasar”)
Estrés y disfunción eréctil: ¿puede ser la causa?
Puede ser un factor importante. Las causas de disfunción eréctil (DE) suelen ser multifactoriales (vasculares, hormonales, neurológicas, fármacos, hábitos, factores psicológicos, etc.). Por eso, cuando aparece DE, lo correcto es una valoración clínica completa (historia médica/sexual y factores de riesgo), y dentro de esa evaluación se consideran también los factores psicológicos como ansiedad o estrés.
El papel del cortisol (lo que se sabe con evidencia)
El cortisol es una hormona relacionada con la respuesta al estrés. En investigación, se ha observado que el cortisol puede relacionarse con la función eréctil y que su desregulación podría estar implicada en algunos casos de DE. Aun así, los mecanismos exactos y cuánto explica por sí solo varía según la persona y el contexto clínico.
Para un blog clínico, la forma más rigurosa de decirlo es:
- El estrés sostenido puede influir negativamente en la función sexual.
- Parte de esa relación podría estar mediada por vías hormonales y del sistema nervioso autónomo.
- No siempre es la única causa, ni se puede atribuir a un solo marcador.
Ansiedad de rendimiento y “círculo vicioso”
Otro punto muy frecuente es la ansiedad de rendimiento: tras un episodio puntual, aparece miedo a “fallar”, lo que aumenta la activación ansiosa y hace más difícil mantener la respuesta sexual. Este patrón se describe en la literatura médica como una vía común en parte de las causas psicógenas de DE.
Señales de alerta: cuándo conviene consultar
Conviene consultar si:
- Las dificultades persisten y generan malestar.
- Interfieren con la relación o la autoestima.
- Hay otros síntomas (dolor, cambios urinarios, pérdida marcada de deseo, etc.).
Además, la DE puede ser también un marcador de salud general y requiere valoración para descartar causas médicas tratables.
Qué puede ayudar (medidas generales con respaldo clínico)
Sin prometer “curas”, hay medidas que las guías y centros clínicos recomiendan porque suelen mejorar el contexto global:
- Mejorar el descanso
- Reducir estrés y manejar la ansiedad
- Actividad física y hábitos saludables
- Comunicación con la pareja, evitando interpretar el episodio como falta de deseo
- Evitar la automedicación y consultar para un enfoque seguro y personalizado
El estrés puede influir de forma relevante en el deseo y el rendimiento sexual, y la ansiedad de rendimiento puede mantener el problema si se cronifica. La valoración por un especialista permite distinguir si el origen es principalmente psicológico, físico o mixto, y proponer un plan realista y eficaz.
Si notas cambios en tu rendimiento sexual que te preocupan, una valoración urológica puede ayudarte a identificar la causa y plantear un tratamiento adecuado.