Especialidades

Urología general

El sistema urinario está formado por riñones, uréteres, vejiga y uretra. Los riñones son los encargados de filtrar la sangre y generar la orina, que baja por los uréteres hasta llegar a la vejiga, donde se almacena y, de forma voluntaria, se expulsa hacia el exterior a través de la uretra.

Las infecciones en el tracto urinario tienen diferentes denominaciones en función del lugar concreto donde están localizadas. Por tanto, cuando la infección aparece en el riñón, se trata de una pielonefritis; cuando está en la vejiga hablamos de cistitis y, por último, cuando se localiza en la uretra, recibe la denominación de uretritis.

Además de las anteriores, en el varón se pueden presentar otras infecciones, tales como la inflamación en la próstata (prostatitis), en los testículos (orquitis) y en el epidídimo (epipidimitis).

Este tipo de inflamaciones son más comunes entre la población femenina: hasta un 50% de las mujeres pueden presentar una infección en el tracto urinario a lo largo de su vida. En el caso del varón, por regla general es mayor el riesgo durante el primer año de edad y a partir de los 50 años. Además, son las infecciones nosocomiales más frecuentes en España, normalmente a causa del sondaje o del trasplante de riñón, entre otras posibles razones.

¿Cómo se detectan las infecciones en el trato urinario?

Normalmente, las infecciones en la parte inferior del tracto urinario, es decir, las que afectan a la vejiga y la uretra, suelen producir dolor localizado o escozor al orinar. Sin embargo, las infecciones de la parte alta que afectan al riñón, como la pielonefritis, pueden producir fiebre.

También puede ocurrir que no se manifieste ningún síntoma, pero que sí que se detecten bacterias en la orina. Esto es lo que se denomina bacteriuria asintomática, que no genera ningún tipo de complicación para el paciente y, por tanto, no es necesario que sea tratada.

Diagnóstico

El diagnóstico de las ITU se realiza a través de un análisis de orina, en la que se detecta la presencia de diferentes bacterias que revelan la existencia de una infección.

Tratamiento

El tratamiento de las infecciones en el tracto urinario suele ser a través de la ingesta de antibiótico durante un periodo de tiempo determinado en función del tipo de infección y el nivel de gravedad de cada caso. Es recomendable que los pacientes traten de orinar con frecuencia, que eviten el consumo de alcohol y los alimentos picantes o con cafeína, así como que beban entre 2 y 4 litros de agua al día. Para aliviar el dolor, el tratamiento se puede combinar con medicamentos antiinflamatorios como el ibuprofeno.

La próstata es una pequeña glándula situada bajo la vejiga de los hombres, justo delante del recto. En varones adultos, tiene el tamaño de una nuez y su función es ayudar a producir el semen que se transporta desde los testículos hasta el pene en el momento de la eyaculación.

Esta glándula dobla su tamaño a los 20 años de edad, con el incremento de los niveles de testosterona, y deben pasar varios años hasta que se produzca su siguiente aumento de tamaño. A partir de los 40 años se puede producir un segundo agrandamiento, que se denomina hiperplasia benigna de próstata (HBP). Se trata de un agrandamiento bastante común en los varones mayores de 40 años que, como su propio nombre indica, no tiene implicación cancerígena.

Lo que ocurre en la HBP es que, a medida que la próstata aumenta de tamaño, obstruye el flujo de la orina en la uretra, lo que hace que se dificulte la función de orinar y cada vez sea más complicado que se vacíe la vejiga por completo. Entre los síntomas más comunes puede ocurrir que se produzca molestia o dolor al orinar (disuria), que se incremente la frecuencia urinaria de día y/o de noche (nocturia) y que se perciba mayor urgencia por ir al baño.

Si no se trata la HBP, al no permitirse el vaciado completo de la vejiga, podría producirse una infección bacteriana y afectar a los riñones. Por tanto es recomendable que, con los primeros síntomas, se acuda al especialista para que a través de una exploración física pueda determinar el posible agrandamiento de la próstata.

Tratamiento

El tratamiento de este tipo de afecciones suele ser a través de medicación, con los denominados bloqueadores alfa, bloqueadores de la testosterona, que relajan los músculos de la vejiga y la próstata y permiten orinar más fácilmente. En la mayor parte de los casos se perciben mejorar en los días siguientes a la ingesta de esta medicación.

Además del tratamiento médico, la HPB se puede tratar por medio de la cirugía, a través de varios tipos de procedimientos (resecciones, incisiones, ablación, prostatectomía o termoterapia) que mejoran los síntomas de forma notable.

La litiasis es la formación de cálculos, más comúnmente conocidos como “piedras”, en alguna de las vías excretoras del cuerpo humano. En el caso del sistema urinario, la litiasis se puede presentar en el riñón (litiasis renal o urolitiasis), en la uretra (litiasis ureteral) y en la vejiga (litiasis vesical).

La litiasis se caracteriza por la aparición de cálculos (pequeñas piedras) en el interior de riñones, uretra o vejiga. Se trata de una patología bastante frecuente: entre el 5 y el 12% de la población de los países industrializados padece litiasis antes de los 70 años.

A raíz de la modificación del pH urinario, cuando con la orina no se desechan de forma adecuada algunos de sus componentes como las sales, la cistina o el calcio o bien cuando disminuyen o se modifican los inhibidores urinarios de la cristalización, se pueden comenzar a formar las piedras.

¿Cómo se detecta la litiasis?

El diagnóstico de la litiasis se suele realizar a través de la detección del cólico nefrítico, que causa con dolor agudo en el abdomen o en la región lumbar. Otros síntomas pueden ser la presencia de sangre en la orina (hematuria) u orina de color anormal, la incapacidad para orinar, la necesidad frecuente de orinar y las infecciones del tracto urinario (ITU).

Para la detección médica de la litiasis se realizan, entre otras pruebas, análisis de orina y ecografías.

Tratamiento

El tratamiento de la litiasis consiste en la expulsión espontánea de las piedras a través de la uretra, tal y como se haría de forma natural con la orina. Sin embargo, si los cálculos no desaparecen de esta manera, se puede realizar una litotricia en la que se deshacen, vía endoscopia, los cálculos mediante láser o ultrasonidos, o bien vía extracorpórea a través de un tratamiento con ondas de choque de alta intensidad. Así mismo, se puede llevar a cabo la extracción de los cálculos mediante ureteroscopia, a través de los propios conductos urinarios y, cuando se trata de cálculos de gran tamaño, se eliminan con intervención quirúrgica.

A partir de los 45 años, sobre todo cuando se tiene algún antecedente familiar, es recomendable hacerse chequeos anuales de próstata para la detección precoz del cáncer que se puede producir en esta glándula.

A nivel mundial, el cáncer de próstata es el segundo tipo de cáncer más diagnosticado en varones. Sin embargo, en España, el cáncer de próstata presenta la incidencia más alta, que aumenta considerablemente con el paso de los años.

La revisión de la próstata consiste en realizar un examen físico y un tacto rectal, junto a una analítica de sangre y orina. El examen físico sirve para explorar el abdomen y los genitales en busca de posibles anomalías; el tacto rectal ayuda a detectar el posible incremento de tamaño de la próstata; y con los análisis se valora, aparte de creatinina y glucemia, entre otros factores, el antígeno prostático específico o PSA, un marcador tumoral que, si aparece alterado, indica la necesidad de realizar una biopsia de próstata para confirmar la neoplasia.

La fimosis es la dificultad en la retracción de la piel del prepucio del pene, debida a su estrechez. Suele ser una afección muy normal en niños, que se puede resolver sin problemas en casa, pero en algunas ocasiones puede llegar a afectar a los varones adultos.

La higiene corporal deficiente, así como la dificultad en la evacuación de la orina y en la práctica de actividades sexuales, son algunas de las consecuencias que tiene la fimosis.

Si la fimosis no se trata, se pueden presentar complicaciones asociadas, como la infección del glande o balanitis, o la parafimosis, que se produce cuando se fuerza la retracción del prepucio.

Tratamiento

El tratamiento de la fimosis se lleva a cabo, en la mayoría de los casos, a través de la aplicación de cremas con corticoides que, tras unos días, permiten manipular el prepucio para estirarlo y retraerlo y evitar el desgarro de la piel.

En caso de que no se consiguieran resultados por esta vía, o si se presentan problemas en la micción, se debe actuar de forma quirúrgica operando la fimosis a través de una circuncisión.

El varón, de niño a adulto, puede presentar diferentes problemas relacionados con el escroto, es decir, la piel que rodea y protege los testículos, los vasos sanguíneos y parte del cordón espermático. 

Su función principal es mantener la temperatura adecuada de los testículos para que se produzcan, conserven y maduren correctamente los espermatozoides.

Patologías benignas más frecuentes

1. Masas escrotales

Abultamientos o agrandamientos del escroto, ocasionadas por la acumulación de líquido (hidrocele) o sangre (hematocele), o bien por la dilatación de las venas en el cordón espermático (varicocele) o porque hay un quiste de líquido y células espermáticas muertas (espermatocele).

2. Torsión testicular

Torsión del cordón espermático, que es el que sostiene los testículos en el interior de la bolsa escrotal y los conecta con el resto del tracto genital. Cuando se produce la torsión testicular, el testículo deja de recibir riego sanguíneo y, por ende, de oxigenarse. Cuando se produce una torsión testicular, que se denota por el dolor y el engrosamiento del testículo, se debe actuar rápidamente para evitar la necrosis.

3. Epididimitis

Inflamación del epidídimo, conducto que une el testículo a los vasos deferentes, que son los que intermedian en el recorrido del semen entre el epidídimo y los conductos eyaculatorios. Se presenta con mayor frecuencia en varones jóvenes, de entre 19 y 35 años y suele estar causada por la propagación de una infección bacteriana, como infecciones de transmisión sexual como la gonorrea o la clamidia. Se presenta como una pequeña protuberancia enrojecida en el escroto que se percibe con mayor sensibilidad. Se debe tratar con antibiótico, tanto a la persona afectada como a las personas con las que haya mantenido relaciones sexuales.

4. Orquitis

Se trata de la inflamación de uno o de ambos testículos. Normalmente la orquitis suele aparecer después de la pubertad y es causada por una infección, siendo el virus más común el de las paperas, así como por una enfermedad de transmisión sexual como la clamidia o la gonorrea. Se trata con antibiótico.

5. Criptorquidia (“testículo escondido”)

Patología que se produce cuando, antes de nacer y más normalmente en los bebés prematuros, uno o ambos testículos no descienden al escroto. Se suele curar sola durante el primer año de vida; sin embargo, si no se cura, se deberá iniciar un tratamiento que incluye inyecciones de hormonas para hacer descender el o los testículos y/o cirugía (orquiopexia), a través de la que se evita, además, una posible esterilidad en el futuro.

6. Quistes testiculares

Existen varios tipos de quistes testiculares, en función del lugar en el que estén localizados. El quiste del cordón suele estar presente en el varón desde antes de nacer, pues se forma en el embrión, y consiste en una pequeña formación ubicada en el trayecto del cordón espermático. El quiste hidrocele también aparece antes del nacimiento, pero se diferencia del del cordón en que la acumulación de líquido tiene lugar en la parte final del conducto. Por último, el quiste del epidídimo es la acumulación de líquido en el trayecto del epidídimo, conducto procedente del testículo. Por regla general, los quistes suelen desaparecer pero, si se observa que no son benignos o que ha aumentado su tamaño, se pueden operar.

7. Orquiepididimitis

Es la inflamación del epidídimo y el testículo, generalmente a un lado del escroto, pero puede afectar a ambos. Podría estar causada por una infección del tracto urinario o de la próstata o por una lesión. Se detecta a través del dolor y la inflamación, entre otros síntomas. El tratamiento se lleva a cabo a través de antibióticos y antiinflamatorios, en caso de necesidad, para mitigar el dolor.

8. Dolor testicular

Dolor localizado en uno o en ambos testículos, denominado orquialgia, que también se puede reflejar en la parte inferior del abdomen. Como consecuencia de este dolor, se pueden generar otros síntomas como náuseas y/o mareos. Las causas para que se produzca el dolor testicular son muy variadas y pueden estar originadas por diferentes factores, tales como la aparición de una lesión testicular, inflamación, traumatismo como consecuencia de una actividad deportiva o golpe accidental, varicocele… Normalmente, el dolor, sobre todo cuando está originado por un golpe, desaparece en una hora, pero si persiste se debe consultar con el especialista para que examine si existe algún problema.

9. Varicocele

Es la dilatación de las venas que forman parte del cordón espermático, que son las encargadas de conducir la sangre por los testículos. Cuando se forma el varicocele, la sangre deja de circular de la forma adecuada en los testículos y se acumula en un punto concreto. Por norma general suele afectar al lado izquierdo. El varicocele es un problema común entre los varones jóvenes, normalmente entre los 15 y los 25 años de edad, es asintomático y perjudica a la fertilidad masculina, ya que hace disminuir el número y la movilidad de los espermatozoides. En los varones mayores, el varicocele puede estar ocasionado por un tumor renal que esté bloqueando el riego sanguíneo a una vena. Las molestias desaparecen cuando se lleva  un soporte escrotal o ropa interior más ajustada y, en caso de necesitar cirugía, se realiza un procedimiento denominado varicocelectomía, en el que se redirige el flujo de la sangre para que todo vuelva a funcionar con normalidad.

10. Hidrocele

Tiene lugar cuando se produce una acumulación de líquido a lo largo del cordón espermático, en el interior de la bolsa escrotal. Se trata de una patología común en los recién nacidos que se presenta cuando el conducto por el que descienden los testículos del feto desde el abdomen no se cierra por completo, lo que hace que descienda el líquido del abdomen y se quede en el escroto. También se puede producir en varones mayores, por acumulación de líquido alrededor del testículo, porque se produce en demasía o porque no se termina de drenar, o bien a raíz de una inflamación del testículo o del epidídimo. Se manifiesta como una hinchazón testicular, similar a la apariencia de un globo de agua, y puede darse en ambos lados del escroto. Se trata de una patología benigna que suele desaparecer sola y, por tanto, no requiere de tratamiento quirúrgico. El tratamiento quirúrgico es únicamente necesario cuando el hidrocele cursa con dolor o infecciones.

Un dolor crónico es aquel dolor prolongado durante más de 6 meses, que aparece de forma continua o intermitente. El dolor pélvico crónico (DPC), tal y como indica su nombre, es el dolor crónico de la región pélvica, localizado en la parte inferior del abdomen.

El DPC puede manifestarse tanto en varones como en mujeres y se caracteriza por tener un difícil diagnóstico, que a menudo requiere de la participación de diferentes expertos, así como por ser incapacitante, ya que impide a las personas que lo padecen hacer vida normal, pudiendo interferir en la práctica de actividades físicas, las relaciones sexuales o en la salud mental.

Esta patología puede tener su origen en una infección que ya se trató y que, sin embargo, dejó consecuencias que se manifiestan de forma tardía en la región pélvica, o bien en patologías ginecológicas como la endometriosis, en causas gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable o la enfermedad de Crohn, en causas genitourinarias como la cistitis intersticial, en causas musculoesqueléticas o en factores psicológicos, entre otras. En el caso de los varones, el DPC puede tener también origen en patologías como la prostatitis crónica o por el dolor post-vasectomía, entre otras causas.

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El DPC se detecta a través de la realización de diversas pruebas con las que se determina su existencia y descarta la prevalencia de otras enfermedades. Para su diagnóstico, se utilizan métodos como la ecografía, la colonoscopia, la cistoscopia o la laparoscopia.

Cuando, tras el abordaje multidisciplinar de los diferentes especialistas se determina el origen del dolor, se puede comenzar un tratamiento que puede ser a través de medicamentos o de cirugía.

La vejiga neurógena es la pérdida incontrolable e involuntaria de orina a causa de una alteración neurológica, una lesión en la médula espinal o una alteración en el sistema nervioso (Alzheimer, Parkinson, esclerosis múltiple). En el caso de los varones, además de la pérdida de orina, estos pueden presentar disfunción eréctil.

El diagnóstico de la vejiga neurógena se realiza a través de una ecografía del sistema urinario o bien midiendo la cantidad de orina que queda en la vejiga del paciente después de orinar.

Tratamiento

El tratamiento puede consistir en el fortalecimiento muscular del suelo pélvico (ejercicios de Kegel), en la colocación de una sonda permanente o intermitente en aquellos pacientes enfermos que lo precisen o en la recomendación de medicamentos para la relajación de la vejiga.

En raras ocasiones es necesario recurrir al tratamiento quirúrgico, en el que se puede realizar un esfínter artificial, se puede colocar un estimulador eléctrico de los músculos de la vejiga o, incluso, se puede realizar una derivación urinaria, que consiste en la creación de un sistema que permite que la orina fluya directamente al exterior del cuerpo a través de un estoma que evita el empleo de la vejiga.

En la actualidad existen más de 30 tipos de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Este tipo de infecciones, entre las que se incluyen el VIH/SIDA, el virus del papiloma humano (VPH) la sífilis o la gonorrea y se transmiten principalmente a través del contacto sexual (oral, vaginal o anal), aunque también pueden transmitirse de madre a hijo durante el embarazo o en el parto.

Las ETS pueden ser causadas por bacterias, virus o parásitos, afectan tanto a hombres como a mujeres de cualquier edad y cada día más de un millón de personas en el mundo las contraen. Algunas infecciones, como el VIH y el VPH son incurables, aunque para ellas existen tratamientos que ayudan a atenuar sus síntomas.

Se puede padecer una ETS sin manifestar ningún tipo de síntoma, aunque los más comunes consisten en la proliferación de úlceras genitales, la secreción uretral y el dolor abdominal.

La prevención en estos casos es clave para evitar contraer este tipo de infecciones, por ello es recomendable la utilización de preservativo en cada relación sexual, así como una concienciación y educación sexual adecuadas. Hay algunas infecciones para las que existen vacunas, con las que se inmuniza a la población y se evita la prevalencia de este tipo de enfermedades.

Las ETS se diagnostican a través de análisis que revelan los resultados en unos minutos, y su tratamiento depende del tipo de origen. En el caso de las infecciones de carácter bacteriano, se emplea antibiótico; y si, por el contrario, se trata de una infección vírica, se utilizará un medicamento antivírico, sin embargo no se erradicará la infección, como es el caso del VIH.

Uro-oncología

La próstata es una glándula masculina del tamaño de una nuez que interviene en la producción del semen. Se encuentra en la pelvis, delante del recto, justo debajo de la vejiga y rodeando la uretra, lo que hará que, cuando se inflame o cambie de forma, cause molestias al paciente en el momento de orinar. En el cáncer de próstata se forman células cancerosas en los tejidos de la próstata.

El cáncer de próstata es el segundo tipo de cáncer, después del de la piel, más frecuente entre los varones en el mundo, y suele presentarse en edades a partir de los 50 años. En España, cerca de 30.000 hombres padecen cáncer de próstata cada año. Es una enfermedad difícil de detectar ya que no manifiesta síntomas reconocibles.

Factores de riesgo

Aunque se desconocen las causas del cáncer de próstata, existen algunos factores de riesgo. Estos son:

  • Edad: la prevalencia de los tumores prostáticos aumenta a partir de los 50 años.
  • Raza: el cáncer de próstata se manifiesta de forma más frecuente en varones de raza negra.
  • Lugar de residencia: este tipo de cáncer es más común en Norteamérica y en el noroeste de Europa, Australia y las islas del Caribe.
  • Antecedentes familiares: cuando algún familiar, como el padre o un hermano, ha padecido cáncer de próstata, las probabilidades aumentan.
  • Cambios genéticos: mutaciones genéticas hereditarias como los genes RNASEL o BRCA1 y 2 y mutaciones genéticas adquiridas.
Síntomas

Al principio, el cáncer de próstata suele ser asintomático; sin embargo, puede presentar síntomas similares a los que se relacionan con la hiperplasia benigna de próstata (HBP), como la incontinencia urinaria o la excreción frecuente de orina, tanto de día como de noche (nocturia). Cuando el tumor está en los estadios iniciales, los síntomas suelen ser obstructivos y, además, puede aparecer hematuria (sangre en la orina) y puede generar dolor lumbar y dificultades en las relaciones sexuales. Cuando el tumor está en estadio avanzado puede provocar, además, hinchazón en las piernas, dolores óseos, debilidad en las piernas, insuficiencia renal, pérdida de apetito y de peso o anemia.

Prevención

Puesto que el cáncer de próstata es asintomático y, como consecuencia, muy difícil de detectar, la prevención juega un papel fundamental para evitar encontrarlo en estadio avanzado. Por ello, se recomienda a todos los varones acudir una vez al año a una revisión para comprobar el estado de su sistema urinario completo.

Para detectar el cáncer de próstata se realizan las siguientes pruebas: examen físico y entrevista personal con el paciente para conocer sus hábitos de vida y los antecedentes médicos, examen rectal digital, prueba del antígeno prostático específico en sangre (PSA),

ecografía transrectal, grado del cáncer de próstata (puntuación Gleason, grados 1-5), resonancia magnética transrectal y biopsia.

Tratamiento

Tras conocer el diagnóstico y el estadio del tumor, se procede a llevar a cabo el tratamiento del cáncer de próstata. Este se puede realizar a través de la cirugía, en la que se extirpa el tumor para evitar que las células cancerígenas se propaguen a los órganos vecinos, así como a la sangre y los ganglios; con radioterapia para eliminar las células cancerígenas; con terapia hormonal, sobre todo en estadios avanzados, que impide que las células cancerígenas obtengan hormonas masculinas y, por tanto, se propaguen; mediante quimioterapia, en casos avanzados; y, por último, con inmunoterapia, para estimular el sistema inmunitario y que se destruyan las células cancerígenas.

Estos tratamientos son combinables, por lo que en ocasiones puede requerirse la aplicación de más de uno de ellos, y se complementan con otros, enfocados a mitigar los efectos secundarios. Se utiliza un tratamiento u otro en función de factores como la edad del paciente, su estado de salud general, el estadio del tumor y los síntomas que presenta.

El cáncer de vejiga es el noveno tipo de cáncer más frecuente en el mundo y, en nuestro país, es uno de los cinco tumores más frecuentes.

La vejiga es el órgano del sistema urinario que recoge y almacena la orina que generan los riñones. El tumor vesical se origina cuando las células de la vejiga presentan un crecimiento descontrolado. En los estadios tempranos, el cáncer de vejiga se presenta en las capas más internas del tejido vesical y, según va avanzando, se va expandiendo hacia el exterior, pudiendo incluso afectar a los órganos cercanos.

Cuando las células de la capa interna de la vejiga son las que han formado el tumor se denomina cáncer de vejiga superficial. Si, por el contrario, las células invaden la pared muscular o se propagan por otros órganos se trata de un cáncer de vejiga invasivo. Existen, además, varios tipos de cáncer de vejiga:

  • Carcinoma urotelial o de células transicionales: el más común (90% de todos los tumores vesicales), originado en las células de las paredes del interior de la vejiga y no es invasivo.
  • Carcinoma escamoso: muy poco frecuente (2% de los casos), se desarrolla en células formadas a raíz de una infección o irritación prolongada. Es invasivo.
  • Adenocarcinoma: muy poco común (entre el 1% y el 2% de los tumores de vejiga), se presenta en las células glandulares del revestimiento de la vejiga.
Factores de riesgo

Los factores de riesgo del tumor vesical son: el tabaquismo (causa más frecuente), la exposición a sustancias químicas industriales como metales o tintes, el consumo de determinados tipos de medicamentos o complementos alimenticios, el consumo de agua potable con partículas de arsénico, no ingerir suficiente líquido, haber padecido una infección crónica en la vejiga de forma prolongada, tener antecedente familiar de cáncer de vejiga, cambio en genes relacionados (RB1, PTEN, HNPCC) y quimioterapia o radioterapia previas.

Detección

Para la detección del tumor de vejiga se realiza un análisis de orina para observar la presencia de glóbulos rojos, una exploración física completa, un análisis de sangre para la detección de otras alteraciones como la anemia, ecografía abdominal y de la vía urinaria, cistoscopia, una biopsia o un pielograma intravenoso (PIV).

Tratamiento

Tras la detección y la evaluación del tumor, el tratamiento se lleva a cabo a través de cirugía, extirpando la parte de la vejiga lesionada a través de cistoscopio o resección transuretral (RTU), evaluando posteriormente si se necesita tratamiento ad-hoc con quimioterapia o inmunoterapia. Cuando el tumor está en estadio avanzado, se aplica quimioterapia preoperatoria para disminuir el tamaño del tumor y detener su crecimiento para después extirpar la vejiga completa y la próstata, en el caso masculino, con una cistectomía.

El cáncer renal es aquel que tiene su origen en los riñones, órganos ubicados detrás del abdomen, en los que se filtra la sangre de la sal, el agua y otros desechos que genera el cuerpo humano, transformándose en orina. El tumor renal fue el décimo más frecuente en España en 2015, con mayor prevalencia en varones.

El tipo de tumor renal más común es el carcinoma de células renales, presente en 9 de cada 10 casos. Puede crecer como un solo tumor dentro del riñón, pero en algunas ocasiones se encuentran varios tumores y se pueden originar en ambos riñones. Además del carcinoma de células renales, también pueden aparecer los siguientes tumores: carcinoma de células transicionales, entre 5 y 10 de cada 100 cánceres de riñón, que tiene origen en el revestimiento de la pelvis renal; tumor de Wilms (nefroblastoma), siempre en la población infantil; y sarcoma renal, originado en los vasos sanguíneos o el tejido conectivo del riñón y muy poco frecuente.

Causas

Las causas más frecuentes del tumor renal son las mutaciones genéticas (hereditarias o adquiridas). Sin embargo, en este influyen factores de riesgo como el tabaquismo, la obesidad, la exposición a sustancias como metales y/o ciertos herbicidas en el lugar de trabajo, factores genéticos y/o hereditarios, antecedentes familiares, hipertensión arterial, consumo de ciertos medicamentos y enfermedad renal avanzada.

Diagnóstico

El diagnóstico del tumor renal se realiza a través del análisis del estado físico completo del paciente, análisis de sangre y orina y pruebas bioquímicas de la sangre, ecografía abdominal, biopsia, resonancia magnética y tomografía, entre otros métodos.

Tratamiento

El tratamiento del cáncer de riñón se puede realizar a través de cirugía, radioterapia, quimioterapia e inmunoterapia, en función de cada caso y del estadio en que se encuentre el tumor.

El tumor de testículo representa alrededor del 0,5-1% de los tumores del varón y, cada año, se diagnostican en el mundo alrededor de 50.000 nuevos casos. Es un tumor que se presenta de forma más frecuente en varones jóvenes, pudiendo aparecer entre los 15 y los 35 años.

Los testículos son las glándulas responsables de la producción de los espermatozoides y las hormonas masculinas, como la testosterona. Situados en el interior del escroto, que funciona como bolsa protectora, los testículos están compuestos por diferentes tipos de células, entre ellas las germinales, encargadas de dar lugar a los espermatozoides.

Existen dos tipos de tumores testiculares de las células germinales (más del 90% de los tumores de testículo): seminomas (crecen y se expanden lentamente), no seminomas (se propagan con mayor rapidez) y mixtos (presencia de células seminomas y no seminomas, tratados como no seminomas por su rápida propagación).

Factores de riesgo

Aunque se desconocen las causas exactas que originan el tumor de testículo, este se puede asociar a algunos factores de riesgo condicionantes, tales como el hecho de tener un testículo no descendido, padecer una infección por VIH, la existencia de antecedentes familiares de cáncer testicular o la presencia de cáncer en el testículo contrario.

Diagnóstico

La hinchazón testicular y la irritación o crecimiento de los senos son signos del tumor de testículo. Sin embargo, por norma general, este no suele presentar ningún síntoma. El diagnóstico del tumor testicular se realiza a través de ecografía, análisis de sangre, biopsia y estudio por imagen (tomografía, resonancia magnética).

Tratamiento

Una vez realizado el diagnóstico y determinado el estadio en que se encuentra el cáncer testicular, se procederá al tratamiento del mismo. En este caso, el tratamiento se puede llevar a cabo a través de cirugía, radioterapia, quimioterapia, o una combinación de ellos.

Aunque es poco común, el cáncer de pene tiene una incidencia de 1 de cada 100.000 hombres en Europa. Se origina normalmente en el interior del prepucio y el glande y se presenta de forma más frecuente en varones mayores de 60 años, fumadores, con fimosis, con infección por VPH y con una higiene personal deficiente. La circuncisión reduce el riesgo de padecer este tipo de tumor, aunque en la población adulta no protege frente al cáncer de pene.

El tumor de pene se detecta a través de la irritación, inflamación o enrojecimiento del pene, además del dolor, la dificultad para orinar y el sangrado en estadios más avanzados.

Diagnóstico

El diagnóstico del tumor de pene se realiza a través de la exploración física del mismo por parte del especialista, además de llevar a cabo una biopsia que confirme la presencia de células cancerígenas. Una vez realizado el diagnóstico y conociendo el estadio de la enfermedad, se procede a realizar el tratamiento. El cáncer de pene se puede tratar a través de cirugía (penectomía), en la que se extirpa la parte del pene afectada, o a través de tratamiento con láser para destruir el tumor, así como de radioterapia o de quimioterapia a través de cremas de uso tópico.

Andrología

La tasa de infertilidad se sitúa entre el 15 y el 17% de la población española. El 50% de las causas de infertilidad son de origen masculino. El diagnóstico de la infertilidad masculina es fundamental para poder aplicar el tratamiento más adecuado al varón y que pueda lograr tener hijos con su pareja.

A través de un sencillo estudio del semen o seminograma se pueden conocer datos tan importantes e influyentes en la fecundación de los óvulos, como el nivel de movilidad de los espermatozoides, su número total y su morfología. Cuando se evalúa la morfología de los espermatozoides se detecta su capacidad de fecundación. Además de evaluar la morfología, se puede realizar un estudio de la meiosis, que permite valorar si existen alteraciones cromosómicas en el momento de la producción de los espermatozoides, que puedan ser responsables de los abortos o del fracaso en tratamientos de reproducción asistida; y, con FISH (Fluorescence In Situ Hybridization), se estudian las alteraciones en número y estructura de los cromosomas de los espermatozoides.

El bajo recuento de espermatozoides puede estar relacionado con el consumo de tabaco y/o alcohol, con la obesidad, con un trastorno hormonal o con el uso de ropa interior apretada, entre otras causas. Además, los problemas en la eyaculación, como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil, pueden comprometer el número y la calidad de los espermatozoides.

Asimismo, la presencia de algunas patologías relacionadas con la infertilidad, como el varicocele, deben ser examinadas y eliminadas con el tratamiento recomendado por el especialista, para así evitar complicaciones derivadas y ausencia de espermatozoides que impidan la fecundación.

En casos de vasectomía, cuando el varón se arrepiente de haber realizado esta operación, puede revertirla y/o extraer una nueva muestra de semen de sus testículos. De esta forma, el paciente podrá ser padre tras procesarse la muestra en el laboratorio.

Cuando un paciente, adulto o niño, padece cáncer, se puede congelar una muestra de su semen antes de comenzar el tratamiento contra su enfermedad. De esta manera, podrá ser padre con sus propios gametos cuando quiera.

Todo depende de cada caso, pero la infertilidad masculina se puede tratar a través de la toma de medicamentos que incrementan la producción de espermatozoides o de tratamientos hormonales que recuperen la función hormonal, además de la valoración de la cirugía. Cuando no existe solución aparente, se realiza la selección de los espermatozoides en el laboratorio para escoger los de mayor calidad, que serán los que después se utilicen en los tratamientos de reproducción asistida.

El Dr. Luis García Reboll es, además de urólogo, especialista en andrología. Por ello, desde hace años colabora en Valencia con la Unidad de Andrología del Centro Médico de Reproducción Asistida CREA.

La disfunción eréctil o impotencia sexual se produce cuando existe una dificultad para lograr o mantener la erección durante un periodo de tiempo mayor a tres meses, lo que impide mantener una relación sexual satisfactoria. Se trata de una afección que se da más comúnmente entre los varones mayores de 40 años.

Duolith Storz para el tratamiento mediante ondas de choque de la disfunción eréctil, incurvación de pene y dolor pélvico crónico.

Aunque se trata de un problema benigno, la disfunción eréctil genera en el paciente malestar, pérdida de la calidad de vida y del autoestima. La disfunción eréctil se puede clasificar en tres tipos, en función de la causa que la origina:

  • Disfunción eréctil orgánica: como consecuencia a las lesiones vasculares (60-80% de los casos), a las enfermedades neurológicas (10-20% de los casos), a las lesiones hormonales (5-10% de los casos) o a las lesiones locales.
  • Disfunción eréctil psicógena: disfunción del mecanismo eréctil sin necesidad de que existan lesiones físicas, sino únicamente de carácter psicológico.
  • Disfunción eréctil mixta: en la que se combinan ambos factores, orgánicos y psíquicos.

Aunque es un problema que afecta a millones de hombres alrededor del mundo, la disfunción eréctil siempre ha sido un verdadero tabú. Sin embargo, esta afección se debe consultar lo antes posible, ya que puede estar ocasionada por diferentes factores y se puede tratar. Sus causas son:

  • Patologías: las enfermedades vasculares, algunas enfermedades cardiacas, la hipertensión arterial, el consumo de tabaco, la esclerosis múltiple, los altos niveles de colesterol (dislipemia), la obesidad, la diabetes y la enfermedad de Peyronie (incurvación peneana) son algunos de los factores sanitarios que influyen en la erección.
  • Trastornos emocionales: ansiedad, estrés, depresión y aquellos problemas personales que cursan con la caída del autoestima también pueden provocar los trastornos en la erección.
  • Medicamentos: hasta el 25% de los casos. Existen determinados tipos de terapias farmacológicas, como las betabloqueantes, los antidepresivos, los antihipertensivos o los diuréticos, entre otros, que tienen como efecto secundario o pueden derivar en la disfunción eréctil.
  • Problemas hormonales: como los niveles de tiroides y de prolactina o por la falta de hormonas sexuales masculinas.

Además de la imposibilidad de tener o mantener la erección, otros síntomas de la disfunción eréctil pueden ser los trastornos en la eyaculación, es decir, la eyaculación precoz o la retrógrada.

Diagnóstico

El diagnóstico de la disfunción eréctil se realiza a través de una entrevista personal con el paciente y un examen físico completo, además de un análisis de sangre para medir factores influyentes como el colesterol, las hormonas o el índice glucémico, así como la realización de otras pruebas complementarias, en casos especiales, que pueden llevar al especialista a conocer mejor la situación del paciente: test de estimulación visual, en el que se muestran imágenes eróticas al paciente para observar su reacción; prueba de inyección intravenosa, en la que se observa el tiempo que tarda el paciente en tener una erección; eco-doppler para medir el flujo sanguíneo del pene y determinar si la disfunción se produce por razones vasculares; y cavernosometría, en pacientes en los que se va a realizar una reconstrucción vascular para determinar, mediante contraste, los problemas en el flujo sanguíneo que discurre por el pene.

Tratamiento

El tratamiento de la disfunción eréctil se puede llevar a cabo, en función de su origen, a través de tratamiento farmacológico, tratamiento psicológico, terapia intracavernosa, dispositivos de vacío, terapia transuretral, terapia con ondas de choque de baja intensidad o con cirugía (implante de prótesis de pene, bypass).

Para tratar de prevenir la disfunción eréctil, el varón puede dejar de fumar, practicar ejercicio de forma habitual, no consumir alcohol, controlar el peso, tratar los trastornos psicológicos desde los primeros síntomas de ansiedad y/o depresión, no automedicarse, tratar de descansar lo máximo posible y consultar con el especialista cuando se repite la disfunción.

Los trastornos en la eyaculación comprenden la eyaculación precoz y la eyaculación retrógrada, es decir, la existencia de incidencias contra la voluntad del varón distintas al proceso normal del eyaculado.

Autoexploración testicular
Eyaculación precoz

La eyaculación precoz es uno de los problemas sexuales más comunes en el género masculino y produce gran impacto psicológico (ansiedad, depresión, pérdida de autoestima) en los varones que lo padecen. En este trastorno, la eyaculación se produce inmediatamente después de un estímulo sexual, pudiendo darse, en los casos más severos, incluso antes de la penetración en la vagina. La eyaculación precoz puede ser primaria, es decir, experimentarse desde las primeras relaciones sexuales, o secundaria (adquirida), es decir, tras haber experimentado experiencias eyaculatorias normales.

Este trastorno puede aparecer a cualquier edad, aunque es más común entre los jóvenes, y está relacionado, más que con la edad, con la experiencia de cada nueva relación sexual. Su causa puede ser de origen desconocido. Sin embargo, en ocasiones puede tener origen en problemas psicológicos y físicos. Entre las causas psicológicas destacan la ansiedad, el miedo a no ser un buen amante o la falta de conocimiento, lo que hace que se falle continuamente y se convierta, entonces, en un problema crónico por la creencia de que nunca se va a poder eyacular de forma normal. Por otra parte, entre las causas físicas destacan los problemas hormonales, la prostatitis crónica, la ingesta de algunos fármacos y las enfermedades neurológicas.

Diagnóstico

El diagnóstico de la eyaculación precoz se lleva a cabo a través de una entrevista personal con el paciente, en la que se determinan sus antecedentes médicos y sexuales, así como si esta es primaria o secundaria y si de produce puntualmente o de forma constante. La eyaculación precoz puede ser consecuencia de la disfunción eréctil, por lo que el especialista tendrá que determinar si está originada por esta, para tratarla de la forma adecuada. También se realiza una exploración física del paciente y se pueden recomendar analíticas para detectar posibles problemas de los que derive la eyaculación precoz.

Tratamiento

El tratamiento de la eyaculación precoz se lleva a cabo a través de psicoterapia y de terapias conductistas, así como con tratamiento farmacológico, mediante medicamentos (dapoxetina) o crema anestésica aplicada sobre el pene antes de la relación sexual para que se retrase la eyaculación.

Eyaculación retrógrada

La eyaculación retrógrada se produce cuando, durante la eyaculación, el semen, en lugar de conducirse desde los testículos hacia el pene, se introduce en la vejiga. Este tipo de trastorno de la eyaculación es poco frecuente y sus síntomas son la ausencia de semen durante la eyaculación, la percepción de orina turbia tras el eyaculado y los problemas de fertilidad.

Este trastorno se produce cuando, durante la eyaculación, no se cierra el cuello de la vejiga, lo que hace que se desvíe el semen a ella en lugar de conducirse por la uretra y ser expulsado por el pene. Entre sus causas principales destacan la diabetes, la cirugía previa de próstata o uretra y la ingesta de algunos medicamentos, como los indicados para tratar la hipertensión.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza a través de un análisis de orina en el que, si se detecta gran cantidad de semen, se confirma el diagnóstico de eyaculación retrógrada.

Tratamiento

El tratamiento se lleva a cabo a través de medicación o, si esta ha sido consecuencia de la medicación, se retira para evitar que vuelva a suceder. En caso de que el origen de la eyaculación retrógrada sea por la diabetes, el tratamiento se basará en el control del azúcar en sangre a través de medicación.

La falta de apetito sexual o el descenso de la libido se manifiesta a través de la disminución del interés que, tanto el varón como la mujer, experimentan en el sexo y en todo lo relacionado con él. Se trata de un trastorno que se produce de forma más común en la mujer, aunque lo pueden padecer ambos sexos.

Las razones para que se produzca un descenso de libido y, por ende, del apetito sexual, son muy variadas, ya que pueden ser consecuencia de un trastorno físico (diabetes, fibromialgia, déficit de testosterona) o psicológico, por la toma de determinados antidepresivos, por problemas de estrés y ansiedad o por problemas de pareja. Además, por supuesto influye el dolor que, en determinadas ocasiones, pueden llegar a sentir ambos miembros de la pareja durante el sexo, y también, en el caso del varón, puede ocurrir que este haya experimentado algún episodio de eyaculación precoz o de disfunción eréctil que impida que se permita disfrutar y dejarse llevar en sus relaciones sexuales.

Para determinar si existe déficit de testosterona, principal hormona masculina y una de las principales causas de la pérdida del deseo o apetito sexual, se realiza un análisis de sangre que muestra el nivel de testosterona que presenta el varón. Además de esta disfunción sexual, el déficit de testosterona puede ocasionar pérdida de cabello y masa muscular, cansancio y falta de energía o aumento de la grasa corporal, entre otras consecuencias. En estos casos, se administra testosterona para que el cuerpo vuelva a la normalidad y se consigan recuperar los niveles normales, lo que permite de esta manera devolver al hombre su apetito sexual.

No obstante, la causa que origina esta falta de apetito sexual no siempre está clara. Por ello, para determinarla, se lleva a cabo una entrevista personal con el o la paciente, para tratar de averiguar cuál es la razón de la ausencia de libido. Así mismo, se realiza una exploración física y se determina si existe algún problema adyacente, que pueda ser la causa de esta falta de apetito sexual. En caso de que la falta de apetito sexual se produzca por problemas de tipo psicológico, se optará por llevar a cabo una serie de recomendaciones sobre la práctica de relaciones sexuales que devuelvan la libido a la pareja.

La andropausia o hipogonadismo de inicio tardío, comúnmente conocida como la “menopausia del hombre” aunque no implica un descenso de su fertilidad, es la disminución de la producción de testosterona, la hormona sexual masculina por excelencia.

La testosterona va descendiendo con el paso del tiempo, por tanto, cuanto mayor edad tiene el varón, menor será su nivel de testosterona. Además, hay otras razones que pueden hacer descender estos niveles, como el estrés, la ansiedad o la depresión, el consumo de ciertos medicamentos, el consumo de alcohol, la obesidad… Alrededor de los 40 años la testosterona comienza su descenso y, a los 70, presenta niveles muy bajos, de alrededor del 10% de lo que habían representado durante la juventud.

Cuando aparece la andropausia se producen una serie de cambios en el varón, como cansancio, variaciones en el estado de ánimo, sofocos, falta de apetito sexual, aumento de peso, ansiedad, debilidad muscular, irritabilidad, problemas circulatorios, pérdida de energía… Entre otros. Además, se debe prestar especial atención a las patologías subyacentes como la osteoporosis y el riesgo cardiovascular.

Para tratar este trastorno se lleva a cabo una terapia farmacológica hormonal en cualquiera de las formas existentes en el mercado (pastillas, parches, inyecciones, geles), con la que se restablecen los niveles hormonales normales.

Las anomalías estéticas del pene se refieren a aquellos trastornos del pene que generan dificultades a la hora de plantear las relaciones sexuales. Estas anomalías pueden ser las siguientes:

Enfermedad de Peyronie

El pene está formado por dos cuerpos cavernosos que son los responsables de llenar el pene de sangre durante la erección, que están rodeados por un tejido denominado túnica albugínea, y la uretra, conducto por el que se conduce y expulsa la orina hacia el exterior.

La enfermedad de Peyronie o incurvación adquirida del pene es una patología inflamatoria idiopática que produce la formación de cicatrices o placas fibrosas en la túnica albugínea, es decir, en la capa que envuelve los cuerpos cavernosos, que pierden elasticidad, no se estiran durante la erección y, finalmente, hacen que se curve el pene.

Esta enfermedad fue descubierta y descrita como “induración plástica del pene” por François Gigot de la Peyronie. Su incidencia, igual que en otras patologías, se incrementa con la edad, aunque la edad media a la que se padece la enfermedad de Peyronie es alrededor de los 50 años.

Causas

Aunque no se ha descrito una causa concreta, normalmente la enfermedad de Peyronie está ocasionada por la repetición de múltiples traumatismos producidos en el pene erecto a lo largo de la vida sexual del varón. Sin embargo, puede ser espontánea.

Síntomas

Los síntomas se manifiestan en dos periodos: en el periodo inicial el varón experimenta dolor durante las erecciones, ya que es el momento en que se inicia la deformidad. En el segundo, las placas se estabilizan y las erecciones dejan de ser dolorosas, lo que determina el momento idóneo para intervenir y solucionar el problema. También se puede experimentar un acortamiento del pene y episodios de disfunción eréctil.

La enfermedad de Peyronie es detectable a través de una exploración física. Aparte de ella, se realiza una ecografía para determinar los lugares en los que se sitúan las placas.

Tratamiento

El tratamiento de esta enfermedad puede ser médico (farmacológico), externo (vía tópica, por ondas de choque de baja intensidad, radioterapia) o quirúrgico (corporoplastia), que se indica en casos muy severos, cuando la incurvación persiste.

Duolith Storz para el tratamiento mediante ondas de choque de la disfunción eréctil, incurvación de pene y dolor pélvico crónico.

Incurvación congénita del pene

La incurvación congénita del pene tiene lugar en varones jóvenes, en los que se empieza a apreciar la curvatura desde las primeras erecciones. Se trata de un tipo de incurvación congénita en la que la inclinación se puede producir tanto hacia abajo como hacia un lado.

No es un trastorno grave, ya que no aparece placa de fibrosis como en la enfermedad de Peyronie, y no es evolutivo, por lo que se mantendrá a lo largo del tiempo exactamente igual que en los inicios. Lo que ocurre en este caso es que la uretra es de menor tamaño que los cuerpos cavernosos que forman el pene, lo que provoca que estos se curven hacia abajo o hacia un lado. El problema puede aparecer cuando la incurvación es mayor de 30º, ya que será en ese caso cuando sí que existen problemas para poder llevar a cabo la penetración o imposibilitarla en los casos más extremos. Incluso, si la incurvación no se corrige y se fuerza la penetración, se podría producir una placa de fibrosis.

Tratamiento

La incurvación congénita del pene se puede corregir con una cirugía denominada plicatura modificada de la túnica albugínea, con resultados excelentes en la práctica totalidad de los casos. Así mismo, la aplicación de la terapia con ondas de choque de baja intensidad también es efectiva en este tipo de anomalía estética.

Hipospadias

Hipospadias es una deformación congénita del pene en la que la abertura de la uretra se sitúa en diversas posiciones en la parte inferior del pene, desde el área de la punta hasta el escroto, en lugar de estar localizada en la punta. Afecta a alrededor de 4 de cada 1.000 varones recién nacidos.

Causa

La causa que origina el hipospadias es desconocida. Los niños que lo padecen también pueden presentar incurvación del pene y tener problemas para orinar de pie o, cuando llegan a adultos, para tener relaciones sexuales. Se suele diagnosticar durante los exámenes físicos del bebé tras su nacimiento.

Tratamiento

El tratamiento para corregir el hipospadias se realiza a través de una cirugía en la que se desplaza la abertura de la uretra hacia el lugar correcto, y normalmente se lleva a cabo entre los 3 y los 18 meses de edad.

Microfalosomía

Un pene en erección de tamaño normal en Occidente mide entre 13 y 15 centímetros. Por ello, cuando el tamaño del pene del varón en erección no supera los 7 centímetros, se denomina microfalosomía, un trastorno comúnmente conocido como “micropene”.

La microfalosomía se detecta en los bebés varones desde su nacimiento, no causa dolor ni ningún tipo de molestia a lo largo de la vida, aunque sí puede ocasionar problemas de tipo psicológico a la hora de intentar llevar a cabo una relación sexual satisfactoria. Puede estar ocasionada por la ausencia de andrógeno prenatal, lo que conlleva otro trastorno, el hipogonadismo, es decir, la escasa producción de hormonas, lo que impide el desarrollo genital de forma correcta.

Tratamiento

Aunque no existe un tratamiento efectivo al 100%, se pueden administrar hormonas para propiciar el crecimiento del pene durante la infancia y, además, se puede mejorar a través de una cirugía en la que se podrían llegar a ganar entre 2 y 3 centímetros más.

Suelo pélvico

La incontinencia o insuficiencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina por la pérdida de control de la vejiga. Se trata de una patología que afecta al doble de mujeres que de hombres.

Existen dos tipos de incontinencia urinaria: la incontinencia de esfuerzo y la incontinencia de urgencia. En el primer caso, se trata de la pérdida involuntaria de orina por la realización de un esfuerzo corporal como toser, reír o andar. En el segundo, refleja la pérdida involuntaria de orina acompañada o precedida de la sensación de urgencia, es decir, la persona que la padece siente la urgencia de orinar.

En el caso de las mujeres, el embarazo, el parto vaginal y la diabetes mellitus son factores de riesgo de la incontinencia urinaria. En el caso de los hombres, la edad avanzada, las infecciones, los trastornos neurológicos, el deterioro funcional y cognitivo y la prostatectomía son algunos de los factores de riesgo. Además de los citados orígenes, puede haber otros como la obesidad, los daños musculares causados por cirugías o el uso de algunos tratamientos farmacológicos.

Síntomas

Los síntomas son notables y pueden generar que los pacientes con incontinencia urinaria se sientan atrapados en su domicilio o necesiten depender de un baño durante todo el día porque tengan incapacidad de retener la orina o por una necesidad de orinar con mayor frecuencia de la habitual (más de 8 veces al día).

Diagnóstico

El diagnóstico de la incontinencia urinaria se lleva a cabo a través de un exhaustivo análisis que comienza con la realización de una historia clínica completa, en la que se evalúan factores como la movilidad del paciente, sus tratamientos previos o su estado mental, entre otros, y que se complementa con un diario miccional en el que cada paciente registra la frecuencia en la que orina, con un examen físico en el que se preste especial atención a las zonas perianal y anal, además de una evaluación del signo de incontinencia para la que se hace al paciente toser o hacer un esfuerzo físico para provocar el escape urinario, así como con otras pruebas como el análisis de orina, los estudios urodinámicos, las pruebas de imagen (ecografía, radiografía) o la endoscopia (uretrocistoscopia).

Tratamiento

Con el tratamiento de la incontinencia urinaria se pretende mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen. Para escoger el tratamiento más adecuado se debe evaluar cada caso de forma personalizada, tanto mediante las pruebas diagnósticas como a través de los cuestionarios sobre la calidad de vida (ICIQ-SF), para evaluar el verdadero impacto que la incontinencia urinaria representa sobre la vida de cada paciente.

El tratamiento de la incontinencia urinaria consiste en la rehabilitación muscular del suelo pélvico (ejercicios de Kegel) y la cirugía.

El cistocele o prolapso vesical es la caída de la vejiga por la vagina por el debilitamiento o la rotura del suelo pélvico, es decir, de los músculos de la pelvis que la sujetan. Esta patología se produce cuando el conjunto de músculos y tejidos que dan soporte al útero, la vejiga, la vagina, la uretra y el recto pierden elasticidad y se produce su prolapso o descenso. El cistocele conlleva algunas molestias adicionales al dolor, como la incontinencia urinaria, las infecciones en el tracto urinario o el estreñimiento, entre otras.

El cistocele se produce en mujeres adultas a partir de los 45-50 años, comúnmente con el inicio de la menopausia, en casos en los que ha habido complicaciones en partos vaginales o estos han sido muy prolongados, con la disminución del nivel de estrógenos ocasionada por la menopausia, por la carga continuada de grandes pesos o por la debilitación de los tejidos pélvicos.

Tratamiento

El tratamiento del cistocele depende del grado de afectación. Cuando se trata de un caso leve, basta con aplicar los ejercicios de Kegel para fortalecer el suelo pélvico. En casos más graves el cistocele se puede tratar con una cirugía de suelo pélvico o bien mediante técnicas laparoscópicas.

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